Si el sonido sabe, entonces también sabe lo que nos pasó. Y sabe —todavía— cómo se resiste.
El sonido es conocimiento. Antes de la escritura hubo tambor. Antes del documento hubo voz.
En Darién, muchas cosas no se “explican”: se transmiten en vibración. El canto no solo cuenta una historia: la mantiene viva. El tambor no solo marca el ritmo: organiza la memoria. Y la rueda no solo reúne: es una forma de gobierno del cuerpo, una tecnología social.

